Opinión.- Miguel Cumbraos.
Lejanos quedan para los ralis españoles los gloriosos tiempos de Carlos Sáinz. Numerosas victorias, no pocos puestos de podio, todo ello aderezado por dos títulos mundiales. Pero desde el año 1992 ya ha llovido un poco.
Acsotumbrados a esos logros para el motor español, casi impensables unos pocos años antes, el relevo, cuando el madrileño dijo adiós, era el cántabro Dani Sordo amparado en una brillante carrera, estatal y mundial, quien fichaba por Citroën, curiosamente la marca con la que Sáinz se despidió del WRC.
Unas cuantas temporadas a sus espaldas en la máxima esfera del rali, las cuentas no acaban de cuadrar para el santanderino, por ende para el automovilismo nacional. Y es que a pesar de sus 26 podios y sus dos terceras posiciones en el 2008 y 2009, todos esperábamos esa victoria absoluta que tanto se resiste, sabedores no obstante de lo complicado que es un título. Y con la temporada 2010 avanzando, la situación se complica más, visto el enorme rendimiento de Ogier y los lógicos intereses de la firma francesa. Llegan VW, Mini, nuevas marcas, con coches desconocidos y estructuras por ver, quizás opciones para el de Torrelavega. Entrega, tesón, pundonor no le han faltado, pero ese algo más que no ha llegado quizás signifique una losa demasiado pesada.